MARTES, 06 de noviembre

La perspectiva adecuada para el análisis de las enfermedades de los animales silvestres no puede ser acomodativa (usar unos conocimientos sanitarios preexistentes, solo por ser generales y por estar ya disponibles), sino que tiene que ser forzosamente ecosistémica; porque los animales del campo viven a la intemperie y sometidos tanto a los rigores y agresiones de los ecosistemas o de los agrobiosistemas. Estoy diciendo exactamente que esta no es una cuestión solamente veterinaria, sino netamente pluridisciplinar: ecosistémica.

Los procesos de decaimiento e incluso muerte de la fauna cinegética deben contemplarse y diagnosticarse desde la perspectiva de los cuatro grandes factores de perturbación, propios y rectores de la regeneración, sucesión, y evolución en cada medio natural:

Factores de predisposición. Los excesos de densidad total (lagomorfos) o desequilibrios poblacionales (conejo y liebre), las pirámides poblacionales atípicas (desequilibrios en la relación de sexos, excesos o déficit de edad, desequilibrios entre las clases de edad) o los estados individuales inadecuados (deficiencias ambientales y daños previos) suelen ser los principales factores que predisponen a los individuos a sufrir la acción de las enfermedades.

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